Cassas de su morada (Juan Cartaya) – 170


Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al BarrocoJuan Cartaya Baños, Doctor en Historia Moderna, profesor, investigador y autor de Para ejercitar la maestría de los caballos. La nobleza sevillana y la fundación de la Real Maestranza de Caballería en 1670, ha publicado, en su muy recomendable bitácora –Aristocracias-, este artículo sobre nuestro libro: Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco:

“Estando en las cassas de su morada…”, esta fórmula habitual al comienzo de los documentos redactados por los escribanos públicos, que quienes nos dedicamos a estas lides historiográficas estamos más que acostumbrados a encontrarnos en los documentos que manejamos (por ejemplo, en los protocolos notariales), me hacen traer a este su blog una nueva entrada, dedicada a estas “casas de morada”, a las viviendas aristocráticas, en suma, y que para abrir boca dedicaré hoy a algunas de mi ciudad, Sevilla, con la colaboración indispensable -y espero que voluntaria, porque no he llegado a pedírsela siquiera- de mi buen amigo Juan Pablo Navarro, meticuloso editor, propietario y factótum (de fac-totum: lo hace todo) de la editorial sevillana MARATANIA, a cuyo delicioso libro sobre el tema remito, además de a su cuidado blog, del que ahora aportaré algunos enlaces.

Muestra de casas sevillnas desde el Barroco hasta la Edad Media ©Maratania

La casa compone una parte relevante del patrimonio nobiliario: la “casa poblada”, las “cassas de su morada”, el solar familiar en suma, que podía hallarse tanto en la villa cabeza del señorío o bien en la ciudad, el lugar en donde –finalmente- terminan, nacen, se hacen y deshacen los linajes en la Edad Moderna. Linajes cuya presencia en las ciudades se asociaba al haber estado, desde tiempo inmemorial, asentados en determinadas calles o collaciones. Estas viviendas, que en el caso de Sevilla comenzaron a adaptarse al gusto italiano en el siglo XVI, son el escaparate en donde la familia exhibe su riqueza, su gusto y su poder, recogiendo un precedente muy caro al mundo helenístico y grecolatino. Antes del XVI, sin embargo, hay en la ciudad ejemplos extraordinarios de grandes mansiones palaciegas habitadas por importantes familias, como es el caso de los Stúñiga en el hoy palacio de Altamira o el caso de los Ponce de León en su gran palacio de la collación de Santa Catalina. Sin embargo, será el modelo italianizante el más imitado a la hora de levantar las grandes casas de las que se admiraba el cronista Alonso de Morgado, siguiendo el ejemplo de viviendas como la de los Pinelo: una gran fachada coronada por un balcón representativo o por una loggia; ventanas enrejadas abiertas a la fachada; apeadero, patio de honor y jardín trasero o segundo patio para uso íntimo. Este modelo se repetirá desde la Casa de Pilatos –el palacio de los duques de Medinaceli- hasta Dueñas, el palacio de los duques de Alba. Se verá seguido por otras grandes casas-palacio, tal vez no tan amplias y extensas como las dos últimas mencionadas, pero sí de gran representatividad, tales como -por ejemplo- la de los Domonte o la de los Mañara. La primera, propiedad de Juan de la Fuente Almonte y sita en la collación de San Vicente –conocida hoy como palacio de Monsalud- la adquirió en la almoneda de los bienes de don Gaspar de Monteser, caballero de Santiago y tesorero de la Casa de la Contratación, institución a la que había defraudado grandes sumas: este a su vez la había heredado de su suegro, don Rodrigo de Tapia, adquiriéndola Tapia en 1620 a los herederos de Diego Ochoa y Constanza del Canto, sus propietarios documentados en 1516. Almonte la compró por 14.000 ducados de plata en 1631, y le haría mejoras y reformas por valor de otros 6.000. Entre las mejoras, una nueva portada –que no es la conservada actualmente, reformada por los marqueses de Villamarín, descendientes de Fuente Almonte, en el siglo XVIII- y las dos grandes piedras armeras de los Domonte y los Verástegui, esculpidas por el cantero Martín de Anitua. La gran casa, de dos plantas, apeadero, caballerizas, dependencias para el servicio, escalera principal y tres patios, destaca aún hoy por su imponente aspecto: era, sin duda, un espléndido estuche para conservar en su interior los valiosos bienes muebles que poseía. Almonte –que en los últimos años de su vida murió endeudado y hubo de vender, para subsistir, varios de sus bienes que no estaban vinculados a su mayorazgo- guardaba en su casa un valioso servicio de plata, diversos cuadros de temática religiosa (San Francisco, San Pedro y San Pablo, Santa María, la Pura y Limpia Concepción, Santa Ana y la Virgen, la Virgen de la Antigua, San Miguel) y profana (veinticuatro de una serie de antiguos emperadores romanos con sus consortes; nueve de reyes y príncipes de España hasta don Baltasar Carlos, diversos paisajes y bodegones, algunos de ellos posiblemente flamencos) hasta un total aproximado de sesenta, una –para la época- nutrida biblioteca, un oratorio lujosamente dotado con diversos cuadros, imágenes y láminas (Nuestra Señora, San José y el Niño Jesús; Santa Inés; un Crucificado; San Cristóbal; una talla de una Inmaculada y otra de un Crucificado, otras dos en mármol de San Juan Bautista y de Nuestra Señora), además del frontal de altar y otros ornamentos sagrados. A ello hay que sumar los muebles y adornos de la casa, algunos de valor, como un escritorio de ébano y marfil y varias piezas de porcelana china. Un magnífico estuche, sin duda, para tanta joya.

casa de las dueñas 4

Como prometí, paso algunos enlaces al blog de Maratania para su goce y regodeo visual e intelectual, apreciando cómo fueron algunas de estas casas de la aristocracia sevillana de los siglos XVI, XVII y XVIII (hay también alguna entrada dedicada a alguna vivienda del XIX). Aquí van: otras casas sevillanas del s. XVI y XVII, la casa de los Levíes o del Correo Mayor, Dueñas, AlgabaVillapanés, Casa Galindo, Vallehermoso y Santa Coloma… y tantas otras, pero para disfrutarlas en su totalidad, les aconsejo que se hagan con el libro. A mi me lo regalaron las pasadas Navidades, y tiene desde ese momento un sitio privilegiado en mi biblioteca.

JUAN CARTAYA BAÑOS”

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Desde aquí, sólo me queda dar las gracias públicas al doctor Cartaya.

Juan Pablo Navarro
Maratania
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