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Breve reflexión de Sábado Santo

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Hoy es Sábado Santo y Cristo ha descendido a los infiernos, es decir, ha compartido la experiencia de la muerte.

Hablaba el otro día en “Las Barreras del Amor”  de nuestra incomunicación, de nuestra íntima soledad que nos frustra la plenitud y sobre la esperanza en poder algún día colmarla. Así, en esta día en que Cristo muerto reposa en el silencio de  la muerte, creemos que, entonces, accedió a ese reino oscuro, allí donde estaba la más profunda soledad, la más profunda incomunicación, y lo llenó con su Luz y nos abrió la puerta de la eternidad.

Y así, confiamos en que la muerte ya no es negrura, ya no es soledad sin fin, ya no es la nada; y que, cuando llegue nuestra hora, un rostro que es Amor nos acompañará para atravesar esa puerta y alcanzar la eterna, la infinita, la plena Luz de Dios.

Juan Pablo Navarro
Maratania
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Las barreras del Amor

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amor esperanza feExisten barreras para el Amor que dan sólo amor, amor escaso, cercado, de alguna manera frustrado. Cuando el instante que queremos eterno se nos escapa, cuando mirando lo admirado no alcanzamos a aprehenderlo y cuando al ser salvado de las aguas y con gesto agradecido queremos abrazar al que nos dio la mano, comprobamos los limites de nuestros gestos.

Sólo una pared que tocamos, voces que se nos esfuman, sólo una mirada que cuando más amamos es como mirar al otro lado a través de un cristal, son el corto premio a nuestra búsqueda. Y aunque amemos confiados siempre hay un más allá que se nos va. Y así, como al contemplar el atardecer en la playa nos regalamos para que no se nos escape ni el tiempo ni el espacio y que todo nuestro yo esté en ese entonces, intensamente, en ese allí, es, en conclusión, sólo arena que resbala de nuestras manos.

Así que entonces, ahora, aquí, sólo me que queda agarrarme a la Esperanza de que habrá un Tiempo que no será tiempo, un Aquí que no será aquí, que será un Cielo en que tú, yo y Él seremos, sí, solo Amor, Amor eterno, Amor total. Que así sea.

Juan Pablo Navarro
Maratania
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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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Ya son 100 los artículos de la Bitácora de Maratania

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Bitácora de maratania

Ya henos alcanzado la redonda cifra de 100 artículos en esta bitácora desde que arrancó a finales de enero de este año.

Estos 100 artículos me han demostrado que los temas han ido más allá que de hablar de los intereses de Maratania, donde  compaginamos la edición de libros con servicios editoriales y de diseñowww.maratania.es

Por ello, aparte de artículos claramente relacionados con Maratania, he tratado diversos temas; el que más,  el de la arquitectura civil sevillana. Así, he escrito sobre las casas del XVI, XVII, XVIII y contemporánea y que completaré en sucesivos artículos con las casas del XIX, modernistas y del regionalismo.

Otros temas expuestos han sido la religión, pensamientos, música, Andalucía, etc.

Estos son los artículos más leídos:

Las Setas de la plaza Mayor de Sevilla. Mi opinión sobre el polémico Parasol Metropol de la plaza de la Encarnación sevillana. Opino sobre las luces y sombras de esta obra multimillonaria.

Casas sevillanas del XVI y del XVII. Es el artículo raíz del que parten los 17 artículos sobre los edificios civiles sevillanos de este periodo.

El Azulejo. Expongo brevemente los distintos tipos de azulejos sevillanos desde el alicatado hasta el azulejo pintado.

La Casa del Rey Moro, la más antigua de Sevilla. Sobre la, posiblemente, casa más antigua de Sevilla.

La Clausura de Santa María de Jesús de Sevilla. La he visitado en varias ocasiones: cuando mi padre fue médico de la comunidad, cuando estábamos editando Sevilla 360º

Otras entradas que no han tenido tantas lecturas pero que a mi me gustan especialmente son:

Sobre Maratania, el más leído ha sido Tantum Ergo Sacramentum – Fe, Arte y Cultura en Marchena, sobre el catálogo que diseñé para esta exposición.

Tengo especial cariño a los que englobo con el calificativo de pensamientos. Son eso, pensamientos que de vez en cuando me arrebatan. Os indico dos: Las Sevillas Invisibles y Esta mañana la luz me atrapó.

Sobre religión, me gustaría destacar A cada día su afán, Óscar Wilde y la casualidad (III). En estos tiempos duros que corren, Óscar Wilde me ayuda a comentar la famosa parábola de Cristo sobre los lirios del campo y sobre la necesidad de centrarnos en el ahora y alejarnos así del desasosiego de cada día.

De música, A Joy Division, la banda de Ian Curtis, con pasión, está entre mis favoritos. Joy Division ha sido uno de los más influyentes grupos y su líder, Ian Curtis, una de los cantantes más hipnóticos de todos los tiempos.

Las casetillas de apuestas infantiles en las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda es una buena muestra de los artículos dedicados a  a Andalucía.

Sobre temas varios, en El Caballo Español en los Museos Vaticanos desde 1514, trato sobre el caballo español que pintó Rafael en sus frescos del Vaticano. Llevo bastantes años diseñando y maquetando la revista “El Caballo Español” de ANCCE y me sorprendí cuando leí en el famoso libro de Vasari lo que comento.

Y muchos más en maratania.wordpress.com.

Muchas gracias y, ya sabéis, si tenéis necesidades de edición, diseño y maquetación, no dudéis en llamarnos.

Juan Pablo Navarro
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Esta mañana la luz me atrapó

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Esta mañana me he asomado a la ventana. Un paisaje anodino de azoteas y antenas se mostraba ante mis ojos. Sin embargo, el resplandor de la luz sobre una fachada, sorprendentemente, me atrapó. No pude hacer otra cosa que quedarme, plácidamente, mirando.

No sé que sería, si la luz, si el frescor de la mañana, si el gorjeo de los pájaros o la música de Bach que desde una pequeña radio sonaba en la cocina. No sé lo que sería; pero lo feo, lo aburrido, lo tantas veces visto se transfiguró en uno de esos momentos que te atrapan y te sujetan, que te dejan quedo y en silencio y el tiempo se hace intenso, profundo, eterno.

No sé por qué sería, pero se me vino la imagen de un prisionero que contemplara la luz que, superando las rejas, se proyectase en los muros de su lóbrega celda y llegase a la experiencia de que esa luz era mayor verdad que su encierro y que ese día, por lo menos ese día, ningún carcelero le arrrebataría su libertad.

Luego caí en la cuenta de que poco antes, raro que es uno, mientras desayunaba, meditaba como muchas veces vemos la vida como algo absurdo y sin sentido y que, olvidado ya de ello, me asomé a la ventana y no sé qué sería, seguro que la luz o quizá el frescor de la mañana o puede que fuesen los pájaros o posiblemente Bach, sólo sé que esta mañana la luz me atrapó, que el tiempo fue eterno y que me sentí amado.

Juan Pablo Navarro
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Mi amigo Pareto me dice que hay un 80% ó un 20% de posibilidades de que no cuente nada en este artículo

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Vilfredo Pareto (1848-1923)

Vilfredo Pareto (1848-1923)

No, no voy a contarte nada en este artículo.  ¿Le conozco yo a usted de algo para que pretenda otra cosa? ¿Tengo yo, acaso, algo que decir? No me insista, no sea curioso. ¿Para que quiere que le cuente yo algo? ¿Por qué le gusta que le cuenten historias? ¿Sexo? ¿Política? ¿Corazón? o ¿Filosofía? ¿Religión? ¿Arte? Mi compromiso es claro, no pienso contar nada.

¿Qué porcentaje de las personas que hayan visto el título de este artículo han llegado a leer estas líneas? Pareto afirmaba que la gente se dividía naturalmente entre los “pocos de mucho” y los “muchos de poco” según la proporciones 80-20. Así que decir que un  20%  no estaría alejado de la realidad.

- Oiga

- Qué

- Que acaba de explicar el principio de Pareto y eso ya es contar algo.

- Bueno, sí, es verdad. Vaya. Es que había leído que cuando se dice o escribe porcentaje aumenta la atención del oyente o del lector y sólo pretendía eso, seguir escribiendo sin decir nada pero que se siguiese leyendo.

- Pues acaba de contar otra cosa, la capacidad de la palabra porcentaje para captar la atención.

- …

En lo que a usted le parece un salto de párrafo, unas décimas de segundo, para mí, en realidad, son años. Empecé a escribir esto con la intención de explorar la posibilidad de no decir nada y me di cuenta de que no era capaz. Durante lustros he estudiado a los que me dijeron eran los más preclaros expertos, uno seres llamados políticos, y seguí sin aprender cómo; estudié libros, reflexioné y nada de nada. Así que mi decisión está tomada. Llegado aquí, incluso tiene derecho. Debo contarle algo. Es mi obligación. Aunque, entre tú y yo ¿qué le voy a contar que usted no sepa?

Juan Pablo Navarro
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Las Sevillas Invisibles

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Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí. (Italo CalvinoLas ciudades invisibles – 1972)

Cuando camino, alguna veces imagino que me cruzo con la sombra del primer romano que holló nuestras calles, que mi cuerpo lo atraviesa el primer cuchillo que mató, que mis labios rozan el primer beso de amor que se ofreció. Hispalenses, isbilianos, sevillanos y forasteros que un día fueron en Sevilla se convocan a mi paso.

Algún día me crucé con César por la Alfalfa, con el rey don Pedro en el Alcázar y con Colón en la Cartuja. En la Giralda veo a Hernán Ruiz que imaginó su soberbia corona y al humilde albañil que apiló sus ladrillos. Y, en él, al panadero que coció el pan que comió, a su madre, a la madre de su madre y a todas la madres y, de repente, la Humanidad toda se hace presente en un pequeño azulejo.

Veo una casa y la recreo hace 100 años, hace 200, hace 1000. Quizá, entonces era un olivo, un caballo, un niño que jugaba. Doy vueltas y como en una noria las imágenes se vuelven infinitas.

Si, al igual que en las estrellas vemos la luz que un día fue y ya no es, pudiéramos escuchar las voces que ya se callaron, si pudiera escuchar el primer suspiro, la primera gracia, el primer verso. Si pudiera aprehender todas las sombras que fueron y que serán.

Cuántas veces me crucé contigo, tú conmigo y yo con él. Cuántas veces me crucé con el que yo era y con el que seré.

Pero invisibles a mis sentidos, todos los fantasmas pasan y solo dejan vagos pensamientos que se evaporan al andar.

Juan Pablo Navarro
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El Cartel Taurino de la Maestranza 2011 creado por Manzanares y Arrojado

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Manzanares durante la faena de Arrojado que fue indultado.EFE

Manzanares durante la faena de Arrojado. EFE

Me he emocionado al leer la crónica de Andrés Amorós sobre el indulto de Arrojado en la Maestranza. Nadie recuerda desde cuando un toro no salía indultado de la plaza sevillana. Ayer fue y yo no estuve allí. Mi ignorancia no me lo permite. Pero de ella proviene mi admiración al entendido, de igual manera que el aprendiz admira al maestro, el aficionado al artista, el incrédulo al creyente.

Y es que ayer, Arrojado pinto el cartel taurino del 2011. Eso tienen los toros, que como el hombre, pueden ser artistas. Sí, Arrojado es un artista y, como un artilugio de Alexander Calder, hizo arte en movimiento y, como una estatua de Fidias, su obra paró el tiempo. Sí, un toro pintó el cartel de este año. Se valió de un torero para pintarlo. Manzanares se llama y también es un artista que sabe que es la eternidad.

No, yo no estuve allí, pero cuando el Arte nace, el hombre que lo crea es todo los hombres y convoca a Dios para que lo vea. Y así, afirmo que tú y yo estuvimos allí, que fuimos Manzanares que lo toreó, que fuimos el público que lo vio, que fuimos Andrés Amorós que lo contó.

Juan Pablo Navarro
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El gozo de la Semana Santa sevillana – Vista, oído, olfato, tacto, gusto y corazón

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El Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la  procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.

A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.

Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.

La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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Viva el fútbol y viva la mística

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jugar al fútbolSí, me gusta el fútbol; sí, lo reconozco. Abro los periódicos por la sección de deportes; sí, es verdad. No aguanto aquello de cómo te puede gustar ver a 22 personas en calzoncillos detrás de un balón; no, no lo soporto. Que por qué me gusta; usted me lo pregunta y yo se lo respondo: el fútbol te permite experiencias que pocas cosas te ofrecen ni pagando sumas astronómicas ni regalando el mayor de tus esfuerzos.

Se ha especulado mucho sobre la épica del fútbol y yo lo suscribo, el fútbol es la épica de nuestro tiempo. Pero el fútbol es más, el fútbol es mística. Cómo puede considerarse si no la experiencia de gritar goooooooooooooool. Ni el mejor yogui consigue que el aire salga con una respiración tan profunda como ese grito, ni la mayor exaltación del místico que ve a todo en todos y todos en uno se puede comparar al abrazo exaltado con el vecino de asiento que ni siquiera conoces, ni la más placentera paz del que contempla el sol hundiéndose en el mar se puede comparar con el de ver ese balón atravesando la meta rival.

Sabemos del esfuerzo de años del opositor de notarías, de la inagotables horas para preparar una negociación, de las horas de viaje del que busca un destino pero a cuantos que aprueban, tienen éxito o alcanzan su propósito han visto con la exaltación de un simple aficionado y, si alguno de aquellos la alcanza, cómo compararla a compartirla con miles de personas formando un solo eco. No, no hay comparación, no busquéis, mejor, id al fútbol.

Sí, id al fútbol y descubrid los grados de la mística porque, evidentemente, hay goles y goles. Hay goles adocenados que dan tanto placer espiritual como una canción de Lady Gaga y goles al que solo alcanza a acercarse el misticismo de la música de Messiaen. Yo viví uno de ellos.

Levité, sí levite, lo repito lé ví té. No es una metáfora, no es una exageración, es una experiencia real. Un año antes era un hombre sin fe, había perdido toda esperanza de que mi equipo ganase algo y el mal amor de la envidia me fustigaba mientras por la mañana veía llegar a Sevilla a aficionados con camisetas barradas que venían de ganar una Copa. No, yo no lo vivirá jamás. Era el 10 de mayo de 2006, mi rodilla llevaba meses dándome la lata y cojeaba y me dolía al mínimo esfuerzo. Luis Fabiano había marcado el primero, qué gol había gritado y con cuántos me había abrazado, y aquí llegó Maresca y entonces creí. Creí que por fin triunfaríamos, que mi esperanza contra toda esperanza llegaría y que la estruendosa alegría del amor a mi equipo estallaría y empecé a saltar, a saltar, a saltar. Sentí que mi rodilla ya no dolía, que no pesaba, que era ingrávido y un gozo supremo me colmaba. Levité, te digo que levité, que si me hubiesen dado el mundo lo hubiera levantado como Atlas, que todo el mundo era mi amigo, era mi hermano. Campeones, campeones, campeones. Hoy he vuelto a ver esos goles y el corazón me ha vuelto a latir con fuerza y me he emocionado. Ese momento no lo habría vivido sin el fútbol y yo, se los aseguro, soy de los tibios, imagínense los fanáticos.

Decidle, ahora, a los aficionados del Sevilla, del Betis o del Liverpool que el fútbol es ver a 22 en calzoncillos… Mejor, dejad de ser incrédulos y sed creyentes.

Middlesbrough 0-4 Sevilla, 10 de mayo de 2006, Sevilla campeón

Despacio que no lento

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Si algo admiro de la Andalucía que me vio nacer es la sabiduría del hacer despacio que no lento. Despacio es el tiempo que necesita lo importante, lo vital, lo trascendente. Lento es ir a una velocidad menor de la que el arte necesita. Despacio es el tiempo en su justa medida, en la medida de la eternidad. Y, por ello, cuando llega, su presencia es tan clara y conocida para el alma sensible que siente que el tiempo se detiene.

A todos se nos viene a la memoria los lances tópicos, mil veces aprehendidos: el pausado movimiento del capote, el cadencioso andar de los pasos de Semana Santa, el infinito ay de una soleá; la respiración tranquila, la frase clara, la oración sentida; la mirada, el oído, el paladar atento; el amor despacio, el trabajo hondo, la muerte en calma.

Despacio no es pereza, no es indolencia, no es desidia, es más bien el supremo esfuerzo, la mayor sabiduría, la senda difícil que lleva a lo perfecto. Porque lo que merece hacerse despacio son los actos supremos de belleza, de amor, de vida que habitan en lo más sutil, en lo más débil, en lo más estrecho. Despacio no se mueve cualquiera, sólo el tocado por la gracia. Sí, el tocado por la gracia, el más distinguido calificativo que un sevillano puede pronunciar: ¡qué gracia tienes!

Pues sí, aquí, deprisa, en este efímero medio, te halago, te añoro y te deseo, y algún día espero si no tenerte, al menos, contemplarte.

Juan Pablo Navarro
Maratania
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